La
familia, además de ser la transmisora de la herencia genética, representa el
primer contexto social donde el niño o la niña se desenvuelve. Es, por tanto, el
pilar básico de la educación y la socialización porque la personalidad infantil
se forma en la relación con los demás y de la calidad de estas primeras
experiencias va a depender la madurez y el equilibrio emocional de los pequeños.
La
familia está constituida principalmente por padre, madre e hijos que forman una
comunidad basada en un hogar común y las interrelaciones de sus miembros. Dentro
de la comunidad familiar, los principales educadores son los padres, se encargan
del bienestar y la salud física, de establecer las normas de convivencia y
moldean la conducta de los hijos e hijas a través de su experiencia y
actuaciones. Principalmente, la familia es un ámbito donde la persona se siente
atendida, acogida, aceptada, protegida y amada.
Todas
las familias de una misma cultura comparten criterios sobre las costumbres, las
normas de comportamiento y los valores. Enseñan al niño o la niña a comportarse
según se espera en la cultura en que vive acompañándole y dirigiéndole desde la
total dependencia hacia la autonomía y madurez.
El niño
aprende a comportarse según las pautas de conducta que observa en otras personas
que toma como modelo. Elige a esas personas porque despiertan su interés o las
valora de forma positiva. El padre y la madre deben tener presente en todo
momento que el niño o la niña hace lo que ve hacer, no lo que le dicen que haga.
Principalmente, son sus modelos a imitar. Por ello, la unidad de criterios es de
vital importancia.
No está
en nuestras manos modificar los planteamientos de la sociedad, de los medios de
comunicación, pero si es factible que en agentes más decisivo, el ámbito
familiar, los criterios sean comunes en sus principios básicos.
El padre
y la madre han de estar de acuerdo en las pautas a seguir, acordar sus
actuaciones ante los comportamientos a crear o eliminar, y mantenerlas con
firmeza, no con inflexibilidad. No deben aclarar las dudas o las opiniones
contradictorias delante de los hijos o hijas, ni comentar sobre ello cuando
están presentes.
Los
pequeños imitan comportamientos en los que observan resultados eficaces, sin
discernir si están bien o mal. Los héroes de las series televisivas suelen
triunfar gracias a comportamientos agresivos, engañosos y faltos de escrúpulos
morales y en el ambiente de la calle siempre parece salir triunfador el que más
violencia verbal o física ejerce.
Nunca es
demasiado pronto para inculcar en los niños y niñas unos sólidos valores
humanos, nuestra mirada atenta puede prevenir el que tomen modelos inadecuados
para imitar su comportamiento.
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